Viví los primeros once años de mi vida en este pequeño
pueblo. Recuerdo las tardes de
invierno, el
colegio y la
iglesia, el olor de la almazara, el kiosko de Cándido, destinatario final de nuestros deseos infantiles. Recuerdo a mi
amiga Maite, hija de Manolo Valderrama y Salo, la estupenda modista. A Maite y a mi nos separó la vida, pero siempre será mi hermana de la infacia, mi confidente de pequeños secretos, mi amiga. Imposible olvidar las risas que nos salian a borbotones por cualquier causa.
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