Viendo esto tan animado y habiendo yo dejado, tantas anécdotas en el morral. Me decido hoy a narraros una, para mi muy singular, que hasta hoy me emociona recordar.
Hallándome, como ya os conté, a la edad de 10 años, de porquero en un cortijo hoy ya derrumbado, en el inicio de las rampas del “Paerón”. Hice un especial
amigo en el que volqué todo mi cariño, con una sin par
amistad, le contaba todos mis sueños, le transmitía todos mis miedos, compartiendo almuerzos y correrías. ¡Era tan débil ¡Era
... (ver texto completo)