De pequeño era feo. Muy feo. Tanto, que las amigas de mi madre, una treintena larga, iban siempre a sacar a la calle a mi hermana un año mayor y a mí no me hacían ni caso. Siempre en la cuna, casi sin una caricia, casi sin una mirada, casi sin un mimo, casi sin... no sé qué más decir, pero ¡maldito caso el que me hacían! Tanto era así que mi madre, más que predisponerse a cogerme para compensar, me ponía la radio para que la música me entretuviera. Así salí yo, que la música es mi pasión y tengo ... (ver texto completo)