La recién estrenada piscina municipal de Sabiote, en la carretera de Úbeda, era una maravilla. Con un amplio espacio verde y un servicio de bar que atendía en la terraza tanto bebida como comida, era el lugar ideal para suavizar los días del verano sabioteño. Allí, mis amigos Miguel “el maño” y su socio en los trabajos de pintura Diego, ayudados por el mozo Piqueras, te servían una carne a la brasa capaz de resucitar a un muerto, o varios, como secundaban ellos.
Se habían quedado por primera vez ... (ver texto completo)
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