Recuerdo bastante nítidamente la última vez que vi cantar al Maleno, el Peseta, en Huesa. Eran, creo recordar, las fiestas del pueblo, anochecía y de forma un tanto espontánea empezó todo. Un grupo de paisanos, quizá alentado por la situación lúdico-festiva, le pidió que cantara algo, él, el Maleno, que necesitaba poco para arrancarse, accedió de inmediato, se encaramó a la fuente que habñia adosada a la casa de Juanico Costillas y empezó su repertorio ante el fervor y el reconocimiento de los que ... (ver texto completo)