Amigos empresarios, la
juventud que atesorais a veces os pierde. Nunca debierais haber permitido la entrada en vuestras dependencias de personas que, además de no guardar la compostura y "pasarse tres
pueblos , encima largan mil y una infamia algunas de extremada gravedad. Pero aprender y rectificar es de sabios. Mientras vosotros sois una
familia que gozais del aprecio de mucha gente, los demás se están quedando "más solo que la una".