Ana Mari, un saludo muy cordial para ti tambien.
Jarras, un saludo de tu abuela y tia, pues esta tarde ha habido en Huesa tormenta y ellas estaban con mi padre y mi madre en la lumbre.
Las casas nuevas ya no son lo que eran, aquel ir y venir de personas a todas horas se quedo en un recuerdo, ahora parece una calle fantasmal, ahora un silencio sepulcral recorre las calles.Tantos y tantos recuerdos.
Aquellas Semanas Santas, los primeros que oíamos el tambor de Domingo el Brujo eramos nosotros los de la calle San Isidro, corriamos a comprar las velas en lo de Ramón Lopez o en lo de las Maria Antonias.
Para mi siempre fue un acontecimiento en la salida de la Iglesia de aquellos santos. Jesus en el ataúd de cristal siempre fue el paso que más me impresiono.
Aquel color negro riguroso en el vestir de las ancianas, aquel olor a cera quemada.
En mitad de la noche aquellas filas de luces parpadean-tes bajaban por la calle Real y en medio de aquel silencio el sonido de un tambor, desde una ventana una voz melodiosa y desgarrada, desgarraba el silencio de la noche.
Era una noche de Semana Santa, eran noches para nunca olvidar.
Al paso de Cristo una anciana no puede reprimir las lágrimas de emoción, paso la procesión, la anciana se santiguo y tras aquel viejo portón desaparecio, nunca supimos de su soledad, nunca supimos de su amargura.
Dias de Semana Santa, dias para estar con los tuyos, dias para quitarle a los abuelos el peso de la soledad. Días para que todos estemos alli.
Martinico.
Jarras, un saludo de tu abuela y tia, pues esta tarde ha habido en Huesa tormenta y ellas estaban con mi padre y mi madre en la lumbre.
Las casas nuevas ya no son lo que eran, aquel ir y venir de personas a todas horas se quedo en un recuerdo, ahora parece una calle fantasmal, ahora un silencio sepulcral recorre las calles.Tantos y tantos recuerdos.
Aquellas Semanas Santas, los primeros que oíamos el tambor de Domingo el Brujo eramos nosotros los de la calle San Isidro, corriamos a comprar las velas en lo de Ramón Lopez o en lo de las Maria Antonias.
Para mi siempre fue un acontecimiento en la salida de la Iglesia de aquellos santos. Jesus en el ataúd de cristal siempre fue el paso que más me impresiono.
Aquel color negro riguroso en el vestir de las ancianas, aquel olor a cera quemada.
En mitad de la noche aquellas filas de luces parpadean-tes bajaban por la calle Real y en medio de aquel silencio el sonido de un tambor, desde una ventana una voz melodiosa y desgarrada, desgarraba el silencio de la noche.
Era una noche de Semana Santa, eran noches para nunca olvidar.
Al paso de Cristo una anciana no puede reprimir las lágrimas de emoción, paso la procesión, la anciana se santiguo y tras aquel viejo portón desaparecio, nunca supimos de su soledad, nunca supimos de su amargura.
Dias de Semana Santa, dias para estar con los tuyos, dias para quitarle a los abuelos el peso de la soledad. Días para que todos estemos alli.
Martinico.