Ya se ocultan los últimos rayos de sol.Las campanas repican una y otra vez.Era un dia de mediados de Abril. Era el primer dia de Semana Santa.
De sus armarios las ancianas sacan aquel vestido el vestido de color negro riguroso, la vela que aún guarda del año anterior y su inseparable rosario de cuentas, el mismo rosario de cuentas que por el paso del tiempo se van dejando de madre a hija.
La Calle Real y sus viejos adoquines se resisten al paso del tiempo.Las campanas siguen repicando una y otra vez.El incesante ir y venir de los crios nos dice que la procesión esta a punto de comenzar.En la mano izquierda llevan un cirio, en la derecha el capuchon, todo ello es un conjunto purpura apagado.
Una tela fina y suave, un vestido hasta la rodilla, la peineta y la mantilla, son las damas de honor.
Los instrumentos musicales le dan a la noche y al momento ese toque festivo.
La hermandades toman posiciones y bajo sus respectivos pasos comienza la procesión.
La suave y apagada luz de las velas se mezcla con el murmullo apagado de los penitentes.Desde una pequeña ventana una voz grave y desgarradora intenta llegar a la muchedumbre y dedicarle lo mejor que puede y como cada año a los pasos que por su puerta pasan.
Martinico.
De sus armarios las ancianas sacan aquel vestido el vestido de color negro riguroso, la vela que aún guarda del año anterior y su inseparable rosario de cuentas, el mismo rosario de cuentas que por el paso del tiempo se van dejando de madre a hija.
La Calle Real y sus viejos adoquines se resisten al paso del tiempo.Las campanas siguen repicando una y otra vez.El incesante ir y venir de los crios nos dice que la procesión esta a punto de comenzar.En la mano izquierda llevan un cirio, en la derecha el capuchon, todo ello es un conjunto purpura apagado.
Una tela fina y suave, un vestido hasta la rodilla, la peineta y la mantilla, son las damas de honor.
Los instrumentos musicales le dan a la noche y al momento ese toque festivo.
La hermandades toman posiciones y bajo sus respectivos pasos comienza la procesión.
La suave y apagada luz de las velas se mezcla con el murmullo apagado de los penitentes.Desde una pequeña ventana una voz grave y desgarradora intenta llegar a la muchedumbre y dedicarle lo mejor que puede y como cada año a los pasos que por su puerta pasan.
Martinico.