Ensimismada en su labor de cada dia algo la hace llevarse la mano a su corazon, ella conoce el repicar de las campanas, ella sabe que ese repicar de campanas suave y prolongado es el repicar para los difuntos, ese repicar resuena por todo el pueblo una y otra vez.
Desde la calle la iglesia hasta la calle el cerro resuenan las campanas a muerte.La tarde se torna gris y lluviosa y en una de aquellas viejas casas ya hacen los preparativos para despedir al difunto.
¿Quien sera?¿quien ha muerto? todo el mundo pregunta.Se corre la voz y al final se sabe, entre suspiros y susurros ¡que lastima con lo buena persona que era, con sus pañuelos negros sobre sus cabezas y en medio de aquella tarde fria y lluviosa se dirigen con paso lento y pausado a darle el último adiós al difunto.
Una vieja casa, la puerta a medio abrir, unas sillas sobre las viejas paredes, la luz era suave y apagada, eran las luces que desprende unas velas en las cuatro esquinas del feretro, unas coronas de color violeta y un crucifijo en el cabezal del feretro, los lamentos se hacen sentir en cada rincón de la casa, el silencio es interrumpido por el sonido del agua al correr por las viejas canaletas y el golpear del agua sobre el cristal de la ventana. Con la cabeza cabizbaja y el gesto de la cara desencajada se miran unos a los otros en silencio los ancianos y se preguntan una y otra vez ¡no somos nadie!¡solo estamos de paso! y asi paso la larga noche una noche de velatorio.
Unos niños corretean por la calle chapoteando en cada charco de agua, era dia de colegio.Sentados en sus pupitres repasan una y otra vez la lección del dia anterior, la profesora en edad casadera mira una y otra vez a través de los cristales de aquellos viejos ventanales.
Los ancianos se reunen en la plaza del pueblo y bajo los viejos balcones ven pasar el dia, un dia gris y lluvioso¡este año sera un buen año de aceituna!.
Martinico.
Desde la calle la iglesia hasta la calle el cerro resuenan las campanas a muerte.La tarde se torna gris y lluviosa y en una de aquellas viejas casas ya hacen los preparativos para despedir al difunto.
¿Quien sera?¿quien ha muerto? todo el mundo pregunta.Se corre la voz y al final se sabe, entre suspiros y susurros ¡que lastima con lo buena persona que era, con sus pañuelos negros sobre sus cabezas y en medio de aquella tarde fria y lluviosa se dirigen con paso lento y pausado a darle el último adiós al difunto.
Una vieja casa, la puerta a medio abrir, unas sillas sobre las viejas paredes, la luz era suave y apagada, eran las luces que desprende unas velas en las cuatro esquinas del feretro, unas coronas de color violeta y un crucifijo en el cabezal del feretro, los lamentos se hacen sentir en cada rincón de la casa, el silencio es interrumpido por el sonido del agua al correr por las viejas canaletas y el golpear del agua sobre el cristal de la ventana. Con la cabeza cabizbaja y el gesto de la cara desencajada se miran unos a los otros en silencio los ancianos y se preguntan una y otra vez ¡no somos nadie!¡solo estamos de paso! y asi paso la larga noche una noche de velatorio.
Unos niños corretean por la calle chapoteando en cada charco de agua, era dia de colegio.Sentados en sus pupitres repasan una y otra vez la lección del dia anterior, la profesora en edad casadera mira una y otra vez a través de los cristales de aquellos viejos ventanales.
Los ancianos se reunen en la plaza del pueblo y bajo los viejos balcones ven pasar el dia, un dia gris y lluvioso¡este año sera un buen año de aceituna!.
Martinico.