La tercera noche es muy especial. Ya de madrugada nos espera la caminata a Tiscar(la romeria de la Virgen de Tiscar).
Esta noche la gente ya está más relajada y los refrescos son los reyes de la noche.Algunas personas dan la sensación qué más que andar arrastran su cuerpo.
Los niños ya no juegan ni revolotean como lo hicieron la primera noche.
El tic nervioso del anciano y al compás de la musica ya perdio el compás y ya solo mira sin refunfuñar.
A la misma hora y en la misma mesa se reencuentran una vez más las esposisimas y consortes, ya extenuadas y cansadas observan y asienten con la cabeza lo que en la primera noche fue un cuchicheo indiscreto.El maquillaje ya no puede esconder las ojeras y la gomina ya tiene que hacer milagros para agachar los remolinos de pelo a consecuencia de la almohada.
Mucha gente ya se ha quedado en casa aletargados en el sofa, pues esperan la madrugada Para ir a Tiscar.
Ya en la verbena, los saltos y brincos de la primera noche pasaron a un va y ven y un movimiento de caderas al ritmo de la música Los palcos ya no tienen la disputa de noches anteriores y en el gallinero solo queda el anciano del tic nervioso.Sus Señorías ya dejaron de creer en sus actos de presencia en la verbena.
Aún se podían ver las estrellas.La Luna y el Lucero de la madrugada nos guiaba y acompañaban. Dejando atrás las ultimas casas del pueblo el olor a romero nos embriagaba.Con el asfalto bajo nuestros pies proseguimos nuestro camino.
Desde lejos y con la luz de la Luna los troncos de los olivos parecían fantasmas o esculturas a medio esculpir.Una vez llegados a los collados de Belerda se podia ver desde alli un reguero de luces amarillentas y de fondo la majestuosa y bien alumbrada Tiscar, en medio de peñascos y riscas.
Un viento fresco se levanta, los olivos saludan a los caminantes. Al momento oímos unas personas hablar, pasan por nuestro lado y desaparecen en el camino.
Unas calles muy estrechas, sus casas blancas, sus habitantes aún está durmiendo.bajamos calle abajo hasta llegar a una funte, su agua fresca y cristalina (lo de cristalina lo he supuesto, pues a esas horas no creo que viésemos mucho je-je)Un anciano madrugador nos da los buenos dias y tras haber descansado un momento nos disponemos a subir a la majestuosa Iglesia de Tiscar y con esto mañana os cuento el resto.
Martinico.
Esta noche la gente ya está más relajada y los refrescos son los reyes de la noche.Algunas personas dan la sensación qué más que andar arrastran su cuerpo.
Los niños ya no juegan ni revolotean como lo hicieron la primera noche.
El tic nervioso del anciano y al compás de la musica ya perdio el compás y ya solo mira sin refunfuñar.
A la misma hora y en la misma mesa se reencuentran una vez más las esposisimas y consortes, ya extenuadas y cansadas observan y asienten con la cabeza lo que en la primera noche fue un cuchicheo indiscreto.El maquillaje ya no puede esconder las ojeras y la gomina ya tiene que hacer milagros para agachar los remolinos de pelo a consecuencia de la almohada.
Mucha gente ya se ha quedado en casa aletargados en el sofa, pues esperan la madrugada Para ir a Tiscar.
Ya en la verbena, los saltos y brincos de la primera noche pasaron a un va y ven y un movimiento de caderas al ritmo de la música Los palcos ya no tienen la disputa de noches anteriores y en el gallinero solo queda el anciano del tic nervioso.Sus Señorías ya dejaron de creer en sus actos de presencia en la verbena.
Aún se podían ver las estrellas.La Luna y el Lucero de la madrugada nos guiaba y acompañaban. Dejando atrás las ultimas casas del pueblo el olor a romero nos embriagaba.Con el asfalto bajo nuestros pies proseguimos nuestro camino.
Desde lejos y con la luz de la Luna los troncos de los olivos parecían fantasmas o esculturas a medio esculpir.Una vez llegados a los collados de Belerda se podia ver desde alli un reguero de luces amarillentas y de fondo la majestuosa y bien alumbrada Tiscar, en medio de peñascos y riscas.
Un viento fresco se levanta, los olivos saludan a los caminantes. Al momento oímos unas personas hablar, pasan por nuestro lado y desaparecen en el camino.
Unas calles muy estrechas, sus casas blancas, sus habitantes aún está durmiendo.bajamos calle abajo hasta llegar a una funte, su agua fresca y cristalina (lo de cristalina lo he supuesto, pues a esas horas no creo que viésemos mucho je-je)Un anciano madrugador nos da los buenos dias y tras haber descansado un momento nos disponemos a subir a la majestuosa Iglesia de Tiscar y con esto mañana os cuento el resto.
Martinico.