HUESA: Sentado en el viejo banco miro una y otra vez aquellos...

Sentado en el viejo banco miro una y otra vez aquellos rosales de color terciopelo.Me da la sensación de estar viendo los rosales que antaño me vieron corretear por aquel viejo jardin.Aún siento el dolor de sus espinas, aun siento la suavidad de sus pétalos, aun recuerdo aquel olor suave de sus pétalos en una fria tarde de Otoño.Unas finas gotas de agua resbalan entre sus pétalos...
El viejo autobús acaba de llegar, unas ancianas bajan de él y desaparecen al final de la calle.Era un señor corpulento, bien aseado y de mirada risueña, se introduce en una pequeña habitación, una pequeña habitación que servia de expendedora de billetes de bus, un pequeño mostrador de madera de pino, una mampara de cristal con una pequeña ventana.Unos mapas antiguos cuelgan de sus viejas paredes.Con una risa socarrona le cuenta sus chistes al anciano que le hace compañia a su regreso de la ciudad.
Una señora limpia y bien vestida me invita a pasar, me pregunta de quien soy, me invita a una de aquellas galletitas pequeñas, aquellas galletas adornadas con nata y una bola roja de almibar en el centro.La tarde era fria y lluviosa, con un anorac hasta la rodilla y mi maletin bajo el brazo me distraigo en mi paseo tras salir de clase.
Una vieja casa hacia de escuela en la plaza del pueblo, aun me parece estar oliendo en uno de aquellos paseos y justo al pasar por la pescaderia de la meyos, aquel olor a sardinas.En el callejón unas cajas de botellas vacias se apilan, la subida y su suelo de cemento era inclinada hasta llegar a la altura de la vieja puerta, unas escaleras y una vieja baranda de madera nos conducía hasta las viejas habitaciones de la segunda planta, desde sus viejas ventanas se podia ver toda la calle Real, frente a aquellas viejas ventanas unos escaparates de juguetes.A veces nos sobresaltaba las voces de aquel viejo pescadero que recorria la calle Real vociferando la calidad de su pescado, Nunca supimos porque le llamaban al viejo pescadero "el Gato".
Junto a la pescaderia "del Gato" un señor alto y delgado me invita a pasar, en sus manos unas tijeras y un peine, era una pequeña habitación, un banco de madera, un gran espejo, dos sillones y aquel viejo reloj de pared y el movimiento de aquellos ojos que todo lo observaban, le decian "Jósico" un hombre amable y educado, siempre me llamo la atención al final de aquella calle la lapida colgada en una de aquellas paredes en agradecimiento a un señor que nunca conoci.
Ya era noche y mi abuela me lleva de compras a lo de las "Maria-Antonias", siempre me invito a un caramelo, yo le ayudaba a abrir aquellos viejos sacos de garbanzos y abichuelas, pero nunca me gusto acompañar a su hermano cuando teniamos que ir a por la damajuana de vino en la vieja bodega, era un lugar inmenso y oscuro, un olor a vino que nunca soporte, un olor a humedad y a rancio, las telarañas cuelgan de sus viejas paredes, habitaciones y más habitaciones, pasadizos y corralones tras la vieja casa.
Era noche de lluvia, los viejos comercios se alumbraban con velas, mi abuela se apresura y bajo aquel viejo paraguas pudimos llegar a casa (callejón de Chinipa)Desde aquella vieja ventana se podia ver a la caida de la noche las relampagueantes luces de úbeda, siempre me impresionaron, siempre me gusto en medio de la noche observar aquellas relampagueantes luces de colores, nunca le puse limites a mi imaginación, siempre me la imagine un sitio muy bonito para vivir, siempre me gusto los sitios grandes, el bullicio de las ciudades.
Martinico.