HUESA: Ya no son los dias tan largos como en Verano, los ancianos...

Ya no son los dias tan largos como en Verano, los ancianos del pueblo apuran sus últimos vinillos para recogerse en casa, mientras las ancianas en casa siguen con sus labores de ganchillo.
Las hojas Otoñales no dejan de revolotear por los rincones del jardin, palomas y gorriones se retiran para pasar la noche entre los viejos pinos y tejados de las viejas casas de adobe.
El ir y venir, el corretear por las viejas calles adoquinadas, hoy es el silencio que recorre calles y callejones del pueblo.
Con la caida de la tarde y la llegada de la noche se pueden ver tras los cristales de las viejas ventanas, luces suaves y apagadas, la vista de la anciana ya no es lo que era, se queja una y otra vez, el torpe andar de él le hace tropezar en cualquier sitio.Sobre una estanteria de madera aún guardan aquellos jarrones chinos, aquellos jarrones chinos comprados a un viajante venido de muy lejos, sobre la mesa y pegada a él, una pequeña y vieja Radio, siempre le gusto más que la moderna televisión, ella asiente y le observa, se cruzan las miradas y con ellas su destino.La puerta se quedo muda, ya nadie les llama, ya solo sienten el cariño desde la distancia.Apartada en un rincón, aún conservan la vieja mecedora, aquella vieja mecedora en la que ella meció tantas veces a nietos e hijos, la vieja foto familiar a perdido su color y la madera ya se empieza a resentir con el paso del tiempo, sobre la tarima y a sus pies el viejo Gato gris les da compañia en las frias noches Otoñales.
Como fantasmas vestidos de negro, aparecen y desaparecen al final de la calle que conduce a la Iglesia, un soplo de aire frio recorre las calles desiertas, como una luz en penumbra a la entrada de la Iglesia, a duras penas pueden canturrear, solo piden y piden aquellos gloriosos dias, aquellos dias de reuniones familiares.Un saludo.
Martinico.