La doctora, Mª Angeles, era amable pues ahora esta de una mala lechecilla que ni te cuento. En septienbre fui con una amiga a llevar a su hija que se habia caido y le dolia una muñeca, llamamos al timbre nos abrio ella la puerta y ni unas buenas noches se le calleron y durante la consulta con una cara como un juez, quizas le interrumpimos el salsa rosa, vamos, nos imaginamos nosotras.