Solo se es viejo cuando venimos de vuelta de las cosas, y perdemos la capacidad de ilusionarnos, sorprendernos y emocionarnos con la propia vida y sus pequeños detalles.
El corazón de niño no muere nunca, si somos capaces de alimentarlo con la ilusión.
Enpezamos a envejecer cuando dejamos de soñar.
Un abrazo desde La Atalaya.
El corazón de niño no muere nunca, si somos capaces de alimentarlo con la ilusión.
Enpezamos a envejecer cuando dejamos de soñar.
Un abrazo desde La Atalaya.