Segunda Regla de la Buena Suerte
Muchos son los que quieren tener Buena Suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella.
El Gnomo, Príncipe de la Tierra.
El viaje por el reino hasta el Bosque Encantado era largo, y les llevó dos días. Así pues, disponían sólo de cinco jornadas para hallar el lugar donde nacería el Trébol Mágico. No había tiempo que perder. A pesar de ello, ambos caballeros decidieron descansar toda la noche antes de empezar la búsqueda.
Los dos habían hecho el viaje por separado y no coincidieron en las breves paradas que hicieron para dar de beber a sus respectivos caballos. Así que ninguno sabía en qué lugar del bosque se encontraba el otro.
El Bosque Encantado era un lugar muy oscuro. Oscuro era durante el día, pues los inmensos y tupidos árboles apenas permitían a los rayos del sol alcanzar el suelo. Y oscura fue esa noche, fría y silenciosa, además. Aunque los habitantes del Bosque Encantado se habían percatado ya de la presencia de los nuevos visitantes.
Muchos son los que quieren tener Buena Suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella.
El Gnomo, Príncipe de la Tierra.
El viaje por el reino hasta el Bosque Encantado era largo, y les llevó dos días. Así pues, disponían sólo de cinco jornadas para hallar el lugar donde nacería el Trébol Mágico. No había tiempo que perder. A pesar de ello, ambos caballeros decidieron descansar toda la noche antes de empezar la búsqueda.
Los dos habían hecho el viaje por separado y no coincidieron en las breves paradas que hicieron para dar de beber a sus respectivos caballos. Así que ninguno sabía en qué lugar del bosque se encontraba el otro.
El Bosque Encantado era un lugar muy oscuro. Oscuro era durante el día, pues los inmensos y tupidos árboles apenas permitían a los rayos del sol alcanzar el suelo. Y oscura fue esa noche, fría y silenciosa, además. Aunque los habitantes del Bosque Encantado se habían percatado ya de la presencia de los nuevos visitantes.