Era una noche fria y lluviosa de invierno. El silbido del viento se podia oir al pasar bajo la vieja puerta, en la parte baja de la puerta un agujero redondo parecia como si de un escultor hubiese estado echo, era para que entrase y saliese de la vieja casa el gato que nunca tuvo y que ahora tiene para aliviar la soledad de la anciana. Un gato que nunca esta en casa y cuando esta se sienta en el regazo de su dueña y juntos pasan las duras noches de invierno, era una compañia que no podria pasar sin ella.
En una pequeña habitación hay cuatro sillas echas a mano y una mecedora en la que ella pasa sus largas noches de invierno. Junto a su mecedora una pequeña y vieja mesa redonda y bajo ella un pequeño brasero, el cual le da un poco de calor a sus pies frio viejos y cansados por el paso del tiempo.
Tiempos de bullicio y fiesta y de unión de una familia.
Al fondo un viejo armario que con el paso del tiempo a perdido todo su brillo, en las estanterias del armario unos objetos regalo, traidos por sus hijos, de viajes echos a otro lugares y sobre esos objetos resaltan dos muñecas vestidas de militar con sus trajecitos descoloridos por el paso del tiempo, a esas dos muñecas les tiene mucho cariño. En una pared cuelga un cuadro de madera vieja y en medio una foto familiar, el cual habeces le da vida y otras veces le desgarra su viejo corazon.
Vestida de negro y con sus manos puestas en su rostro derrama lágrimas, presiente que ya nadie la quiere, que la han abandonado a su suerte, solo le pide a dios que se la lleve pronto para unirse a su marido en otro mundo.
Sola y abrazada a su silencio espera que suene ese objeto colgado en la vieja pared, que un dia sus hijos colgaron, ese chirrió que a ella le parece musica celestial.Con un viejo pañuelo se limpia una y otra vez las pocas lagrimas que le quedan.
Con un viejo y negro chal se cubre sus hombros y con un pañuelo negro se lo echa sobre su cabeza canosa, en su mano derecha y temblorosa por su enfermedad lleva un Rosario de cuentas.
Sale lentamente a la calle, nunca falta a su cita, la cita con su dios, en su mano izquierda apretujandolo y resguardandolo de la lluvia, lleva un caramelo, para dárselo al primer niño que se encuentre en la calle, necesita aunque solo sean unos instantes el cariño y afecto de un niño.
Una niebla se cierne sobre las ca.
En una pequeña habitación hay cuatro sillas echas a mano y una mecedora en la que ella pasa sus largas noches de invierno. Junto a su mecedora una pequeña y vieja mesa redonda y bajo ella un pequeño brasero, el cual le da un poco de calor a sus pies frio viejos y cansados por el paso del tiempo.
Tiempos de bullicio y fiesta y de unión de una familia.
Al fondo un viejo armario que con el paso del tiempo a perdido todo su brillo, en las estanterias del armario unos objetos regalo, traidos por sus hijos, de viajes echos a otro lugares y sobre esos objetos resaltan dos muñecas vestidas de militar con sus trajecitos descoloridos por el paso del tiempo, a esas dos muñecas les tiene mucho cariño. En una pared cuelga un cuadro de madera vieja y en medio una foto familiar, el cual habeces le da vida y otras veces le desgarra su viejo corazon.
Vestida de negro y con sus manos puestas en su rostro derrama lágrimas, presiente que ya nadie la quiere, que la han abandonado a su suerte, solo le pide a dios que se la lleve pronto para unirse a su marido en otro mundo.
Sola y abrazada a su silencio espera que suene ese objeto colgado en la vieja pared, que un dia sus hijos colgaron, ese chirrió que a ella le parece musica celestial.Con un viejo pañuelo se limpia una y otra vez las pocas lagrimas que le quedan.
Con un viejo y negro chal se cubre sus hombros y con un pañuelo negro se lo echa sobre su cabeza canosa, en su mano derecha y temblorosa por su enfermedad lleva un Rosario de cuentas.
Sale lentamente a la calle, nunca falta a su cita, la cita con su dios, en su mano izquierda apretujandolo y resguardandolo de la lluvia, lleva un caramelo, para dárselo al primer niño que se encuentre en la calle, necesita aunque solo sean unos instantes el cariño y afecto de un niño.
Una niebla se cierne sobre las ca.