En una carta a su amigo Ferenczy del 1 de enero de 1910 le comunica Freud una iluminación nocturna sobre el origen y función de la religión: "La razón última de la religión es el desamparo infantil del hombre"; afirmación que Freud explica así diecisiete años más tarde en Futuro de una ilusión: "La misma persona a la que debe el niño su existencia, el padre (más exactamente, la instancia parental, integrada por el padre y la madre), ha protegido también y velado por el niño débil, desamparado, expuesto a todos los peligros que le acechan en el mundo exterior; con su protección se ha sentido seguro. También al llegar a adulto el hombre sabe ciertamente que posee mayores fuerzas; pero igualmente ha aumentado su conocimiento de los peligros de la vida, y concluye con razón que, en el fondo, sigue estando lo mismo de desamparado y sin protección que en la infancia; que frente al mundo sigue siendo un niño. Por tanto, tampoco ahora puede renunciar a la protección de que disfrutó de niño. Pero desde hace tiempo sabe también que su padre es un ser de una fuerza limitada, que no está dotado de todas las perfecciones. Por eso recurre al recuerdo del padre de la infancia tan sobrestimado por él, lo eleva al rango de divinidad y lo proyecta en el presente y en la realidad" (S. FREUD, Gesammelte Werke, vol. 14, Londres 1955, 175-176).
El Moli.
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