En unas de aquellas viejas callejuelas que conducían al viejo mercado se encuentra un pequeño Hotel familiar, sus gentes muy amables y limpias.La callejuela tiene unas viejas casas señoriales de principio del siglo pasado, casas señoriales que con el paso del tiempo han perdido todo su esplendor.Bajo aquellas viejas casas y frente al pequeño Hotel.Un habitáculo en el que aún trabaja un viejo zapatero, ensimismado en su trabajo.La puerta de entrada esta carcomida por el paso del tiempo.
Nos invita amablemente a pasar.De sus paredes cuelgan los recuerdos de sus seres más queridos en blanco y negro.Con su mirada perdida y divagando en el recuerdo, empieza a relatar-nos sus vivencias e historias y entre ellas nos dice llevar trabajando en aquel pequeño habitáculo unos 65 años de la mano de su padre, también zapatero.Nos dio la impresión de no querer que nos marchasemos, pues le escuchamos muy atentamente y sin interrumpirle.Nos dice adiós y nos invita a que otro dia pasemos a saludarle.
Nos encaminamos por la callejuela hacia arriba, ya hacia rato que se perdieron los últimos claros del dia y bajo aquella lluvia incesante y guarecidos bajo nuestros paraguas subimos unas escaleras de piedra hasta llegar a una vieja plaza, en la cual se encuentra una vieja y grande Iglesia.En su interior un silencio sepulcral y en medio del silencio unas voces suaves y apagadas e incesantes no dejan de repasar la Salve Maria.
Nos encaminamos por una calle muy comercial hasta llegar a la otra plaza del pueblo y haciendo esquina hay una vieja cafeteria con grandes ventanales.Tras aquellos ventanales y saboreando un buen vino se puede ver el ir y venir y bajo aquella intensa lluvia a las gentes del pueblo, el pueblo de Cazorla.
Pienso que de esta forma hago una aportación más bonita a ese tan precioso pueblo, tratarlo superficialmente no me parece correcto, aunque Huesa tiene su encanto también.
Espero que me contéis algo sobre estos dias de fiesta.
Martinico.
Nos invita amablemente a pasar.De sus paredes cuelgan los recuerdos de sus seres más queridos en blanco y negro.Con su mirada perdida y divagando en el recuerdo, empieza a relatar-nos sus vivencias e historias y entre ellas nos dice llevar trabajando en aquel pequeño habitáculo unos 65 años de la mano de su padre, también zapatero.Nos dio la impresión de no querer que nos marchasemos, pues le escuchamos muy atentamente y sin interrumpirle.Nos dice adiós y nos invita a que otro dia pasemos a saludarle.
Nos encaminamos por la callejuela hacia arriba, ya hacia rato que se perdieron los últimos claros del dia y bajo aquella lluvia incesante y guarecidos bajo nuestros paraguas subimos unas escaleras de piedra hasta llegar a una vieja plaza, en la cual se encuentra una vieja y grande Iglesia.En su interior un silencio sepulcral y en medio del silencio unas voces suaves y apagadas e incesantes no dejan de repasar la Salve Maria.
Nos encaminamos por una calle muy comercial hasta llegar a la otra plaza del pueblo y haciendo esquina hay una vieja cafeteria con grandes ventanales.Tras aquellos ventanales y saboreando un buen vino se puede ver el ir y venir y bajo aquella intensa lluvia a las gentes del pueblo, el pueblo de Cazorla.
Pienso que de esta forma hago una aportación más bonita a ese tan precioso pueblo, tratarlo superficialmente no me parece correcto, aunque Huesa tiene su encanto también.
Espero que me contéis algo sobre estos dias de fiesta.
Martinico.