CUARTA ENTREGA DEL PREGóN A LAS FIESTAS DE 2002
Porque la vida es un río unánime en el que todos navegamos a un mismo compás, precedidos y seguidos por nuestros seres queridos y nuestras obras. Todo es un mismo transcurrir. En la vida local apenas acontecieron algunos pequeños incidentes, algunos chismecillos y comentarios. Muchos paisanos se fueron, más o menos justificadamente, y otros volvieron. Muchos se arruinaron y muchos se enriquecieron, con más o menos fundamento; muchas familias se unieron y enracimaron, otras se disgregaron y algunas se extinguieron. Apenas media vuelta en el giro de la noria humana que rueda indefinidamente, pero que siempre regresa al mismo sitio. Claro que ahora hay una larga cola de niños y de jóvenes esperando montar en un artilugio, alborozados y alegres y con otras vestimentas y vocabularios, que, sin embargo, no son extraños ni desconocidos, porque fijándose bien en ellos, enseguida se les identifica como el germen, el renacer, la repetición de los actuales compañeros de viaje.
He vuelto a mis raíces fuensanteñas, donde todo sigue igual a la luz de mis ojos niños, de mi ilusión joven, de mis afectos imperecederos. He vuelto con la misma alegría, y ganas de siempre, agradecido por la infancia que este pueblo me brindó. Ofrezco mi mano abierta y reanudo ese largo mañana que, todavía, queda por hacer, empezando con un simple y maravilloso “decíamos ayer...·.
Porque la vida es un río unánime en el que todos navegamos a un mismo compás, precedidos y seguidos por nuestros seres queridos y nuestras obras. Todo es un mismo transcurrir. En la vida local apenas acontecieron algunos pequeños incidentes, algunos chismecillos y comentarios. Muchos paisanos se fueron, más o menos justificadamente, y otros volvieron. Muchos se arruinaron y muchos se enriquecieron, con más o menos fundamento; muchas familias se unieron y enracimaron, otras se disgregaron y algunas se extinguieron. Apenas media vuelta en el giro de la noria humana que rueda indefinidamente, pero que siempre regresa al mismo sitio. Claro que ahora hay una larga cola de niños y de jóvenes esperando montar en un artilugio, alborozados y alegres y con otras vestimentas y vocabularios, que, sin embargo, no son extraños ni desconocidos, porque fijándose bien en ellos, enseguida se les identifica como el germen, el renacer, la repetición de los actuales compañeros de viaje.
He vuelto a mis raíces fuensanteñas, donde todo sigue igual a la luz de mis ojos niños, de mi ilusión joven, de mis afectos imperecederos. He vuelto con la misma alegría, y ganas de siempre, agradecido por la infancia que este pueblo me brindó. Ofrezco mi mano abierta y reanudo ese largo mañana que, todavía, queda por hacer, empezando con un simple y maravilloso “decíamos ayer...·.