... despues de que dejaran de sorber el zumo, tirar
piedras y fueran capaces de estar callaicos y cerraran los ojos, pudimos sentir el aire fresco en nuestras mejillas, escuchar el sonido de los pajarillos, el de las
ovejas a lo lejos y sobre todo apreciar la inmensidad de lo que nos rodeaba, cosa que estropeo el Chache con sus zapatazos al volver, se acabo el encanto.
Nos dijo que lo que el buscaba estaba cerca, y una vez relajados y descansados nos pusimos todos en
camino, hasta que llegamos
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