Después de una semana lluviosa, aquel día amaneció con sol, un sol no esperado, el Chache ya tenía su remolque preparado con un montón de bártulos, cubiertos por un gran plástico, parecía que nos íbamos a la vendimia, jejejeje
A las diez, habíamos quedado con los demás, y nos hubiéramos permitido fallar en todo menos en puntualidad, así que como un clavo, a las diez y pocos minutos, allí que estábamos en la
puerta de Custodio el mecánico, el cual nos recibió con gran asombro, al ver lo que llevábamos.
Era
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