A las buenas noches a todos. Bueno, pues para regocijo de algunos, tanto velar armas, tanto velar armas, llegó la hora de despertarse y el chahe estaba sopa, así que llegaron para recordarmelo José y Francis, tocando discretamente en el timbre, y allá que bajaba las escaleras entre bostezos, lagañas y casi en peloto. Por supuesto, la primera en responder al timbre fué mi rubia peligrosa, que también salió detras de mí, escaleras abajo cantandome una coplilla.
Llegamos al río los tres satélites, ... (ver texto completo)
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