Tras la
comida, reiniciamos la marcha. . . . .
A medida que recorría vagones me iba encontrando con gente más normal, o al menos, gente más acorde con mi forma de ser, todos llevaban distinto equipaje, pero hablaban un lenguaje universal que todos entendíamos, era otra dinámica distinta y otra manera de concebir y caminar por un
foro.
Una persona que viajaba en el asiento frente al mío, al levantarse, se le cayó un libro, al que yo me apresuré a recogerle, era un diccionario que en su contraportada
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