Soy hijo de un escañolero y aunque mi padre tiene 80 años nunca me ha dejado de hablar de su querido pueblo. Por avatares de la guerra civil, mi padre acabó yéndose a Barcelona donde empezó una nueva vida lejos de sus sueños rotos, del hambre y de las calamidades que pasó durante postguerra. Se podria decir que Cataluña lo trató bien, encontró esposa y formó una familia, yo mismo soy barcelonés y tan catalán como el que más, pero también soy consciente de mi sangre andaluza y del amor a españa que ... (ver texto completo)