MANOS ABIERTAS
Un día de final de
verano, un niño paseaba por la
playa con su madre cuando, de repente, la miró con lágrimas en los ojos y le confesó: «Mamá, estoy muy triste porque ya se termina el verano y regresaremos a la ciudad». Su madre, algo sorprendida, dijo: «Pero, hijo, ¡si te he visto disfrutar de las vacaciones como nunca! ¿Qué es lo que te entristece tanto?». Entonces el niño respondió apenado: «He tenido la suerte de conocer a una gran
amiga y ahora tengo que separarme de ella.
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