Mis aficiones tienden a desarrollarse en escenarios que para muchos podrían resultar tétricos, poco higiénicos e inseguros. Todos conservan en mayor o menor proporción reliquias de un pasado no tan lejano en años pero sí muy distante en las tecnologías aplicadas. También comprendo que para los que aún son testigos de aquellos tiempos, prefieran olvidarlo. Pero yo lo veo distinto, tanto que estoy seguro de desfigurar la realidad sobre las vidas que levantaron aquellos muros, poblaron su interior y nos dejaron ese legado hasta que la oferta y la demanda, lo convirtieron en la ruina más absoluta.
Cuando estoy entre el amasijo de cascotes y restos de una arqueología industrial reciente, los veo trajinar de un lado para otro. Embutidos en sus boinas, chaquetas raídas y zapatos reventados. A mi derecha el peón que empuja la vagoneta de carbón, más allá los picadores a punto de bajar a la mina. Quisiera ir con ellos y desvelar el misterio que encierra ese lugar. Los admiro a todos, son verdaderos luchadores que han pasado por la vida sin lo que hoy llamaríamos vivir. Dejaron una huella difícil de borrar. Yo decidí hace tiempo traérmelos a casa. Tengo sus latidos y su sudor en cada uno de los objetos que cuelgan de paredes o reposan sobre estanterías. Son mi verdadero patrimonio. Y entre todos el más querido es una chapa de latón, en la que figura una inscripción grabada con letras de molde a martillazos, que dice:
" CASILLA MANGAS - INCENDIO CERVANTE 1 "
Estará conmigo hasta que me llegue la hora de acompañarle.
SALUDOS AMIGOS. FERROVíA.
... (ver texto completo)