Todas las tardes, (ay mi Marife),
Baja usted al
rio a lavar,
Que pena, oigame usted,
Que no la pueda querer.
Yo a usted la miro con gran devocion,
Y me mira usted a mi,
Con los ojitos en llamas,
Arde su almita tambien.
Un dia de estos no me aguantare,
Y le prometo bajar,
Si usted me da su licencia,
Algo se podra arreglar.
Si a sus comadres pudiera evitar,
Hagamelo usted saber,
Que mañana mismo bajo,
De su cantaro a beber.
Si mañana la puedo ver,
Y la puedo al fin abrazar,
No pase
... (ver texto completo)