Antonio buenas tardes y perdona, aunque creo que lo que te voy a decir no hay nada que perdonar, es un consejo en que Alosnera y Olé, creo está de acuerdo pues lo he comentado con ella en alguna ocasión, ella sabe quien soy yo y yo quien es ella, pero no por el foro ¡guarda tu identidad y ya se la darás! yo no soy alosnero, pero quiero a Alosno, porque en Alosno yo quise.
El niño mira la fragua,
no la deja de mirar,
ve el trabajo fuerte de esos
hombres al pasar.
El cielo pinta agua
pronto parece que lloverá,
los fuertes calores de Mayo
la tierra tienen resecá,
el labrador esta triste
la ruina le va a llegar,
si este agua no cae
para la tierra alimentar.
Pobre corazón que no ama,
como amé aquella mujer,
morena de ojos claros
de la mano la tomé,
se cruzaron nuestras miradas,
y sus labios y los míos
se aproximaron al atardecer,
en una tarde de Mayo,
se fundieron con los de aquella mujer,
era un pueblo andévaleño,
pueblo que no olvidé,
¡Ay! aquel beso, era de menta y canela,
aquel beso era de miel,
sus labios eran grana, como lo es el clavel,
rojos y cálidos, como la fragua que miró
el niño aquel.
No me olvido de la fragua, ni olvido el beso aquel,
ni olvido esos ojos claros,
sendero de mi querer,
que aunque un día lloraron,
¡Yo sus lagrimas sequé!
Saludos: a todas mi bética, mi querida ¡Y Olé! la Salmantina
SYRA, El Emigrao y a usted D. Antonio, que también a una alosnera que sabe mi secreto y que malo no es, a mi paisano Ausente que de mi sierra es, a mi virgen de la Piedad, y también a la de usted, esa Virgen de Gracia, a la que tanto recé, que me perdone mi mentira pues un día juré casarme ante ella ¡y yo le fallé! son las cosa de la vida, son las cosas del querer, una piensa con la cabeza, y se marcha con los pies, ¡Ay! cuanto quise! mas no se puede querer,
ya le solté la mano, mi mirada desvié, se separaron los labios, mi boca seca esta de sed, de ese sabor a menta y canela, de ese sabor a miel.
Y te autorizo querida SYRA, que me copies también, tu eres de Salamanca, de mi poco tienes que aprender, lo poco que sabía se lo llevó aquella mujer, esa de ojos claros, que un mes de Mayo sus labios yo besé, como se besa a un amor, como se besa a una mujer, se quedó con mi recuerdo, como la fragua el niño aquel, esa fragua de Vulcano, donde un día me quemé, mas me quemó el beso de aquella hermosa mujer.
El Halcón de la Serranía.
El niño mira la fragua,
no la deja de mirar,
ve el trabajo fuerte de esos
hombres al pasar.
El cielo pinta agua
pronto parece que lloverá,
los fuertes calores de Mayo
la tierra tienen resecá,
el labrador esta triste
la ruina le va a llegar,
si este agua no cae
para la tierra alimentar.
Pobre corazón que no ama,
como amé aquella mujer,
morena de ojos claros
de la mano la tomé,
se cruzaron nuestras miradas,
y sus labios y los míos
se aproximaron al atardecer,
en una tarde de Mayo,
se fundieron con los de aquella mujer,
era un pueblo andévaleño,
pueblo que no olvidé,
¡Ay! aquel beso, era de menta y canela,
aquel beso era de miel,
sus labios eran grana, como lo es el clavel,
rojos y cálidos, como la fragua que miró
el niño aquel.
No me olvido de la fragua, ni olvido el beso aquel,
ni olvido esos ojos claros,
sendero de mi querer,
que aunque un día lloraron,
¡Yo sus lagrimas sequé!
Saludos: a todas mi bética, mi querida ¡Y Olé! la Salmantina
SYRA, El Emigrao y a usted D. Antonio, que también a una alosnera que sabe mi secreto y que malo no es, a mi paisano Ausente que de mi sierra es, a mi virgen de la Piedad, y también a la de usted, esa Virgen de Gracia, a la que tanto recé, que me perdone mi mentira pues un día juré casarme ante ella ¡y yo le fallé! son las cosa de la vida, son las cosas del querer, una piensa con la cabeza, y se marcha con los pies, ¡Ay! cuanto quise! mas no se puede querer,
ya le solté la mano, mi mirada desvié, se separaron los labios, mi boca seca esta de sed, de ese sabor a menta y canela, de ese sabor a miel.
Y te autorizo querida SYRA, que me copies también, tu eres de Salamanca, de mi poco tienes que aprender, lo poco que sabía se lo llevó aquella mujer, esa de ojos claros, que un mes de Mayo sus labios yo besé, como se besa a un amor, como se besa a una mujer, se quedó con mi recuerdo, como la fragua el niño aquel, esa fragua de Vulcano, donde un día me quemé, mas me quemó el beso de aquella hermosa mujer.
El Halcón de la Serranía.