ZAGRA: Vuelve la oportunidad de escribir en esta página y...

Vuelve la oportunidad de escribir en esta página y siguen apareciendo comentarios que rayan en las profundidades más recónditas de la intelectualidad zagreña. ¡Para qué vamos a complicarnos la vida! Sigamos mirándonos el ombligo, sigamos escuchando los piropos de nuestros visitantes, entre añoranzas y más añoranzas, entre sueños ebrios de barra de taberna, entre vivas en las procesiones y trajes de chaquetas cruzadas al más genuino estilo de hermandad con solera. ¿Quién nos iba a decir que llegaríamos a tan altos vuelos místicos? Para lo que queremos nos modernizamos con una sorprendente maestría: creamos hermandades, romerías y fiestas que nada tienen que ver con nuestras tradiciones, pero que han sido importadas de otros lugares y por otras gentes que se fueron y las han traído junto con sus propias frustraciones, supongo, de no poder acceder a esas costumbres y a esos ritos externos a la tradición zagreña.

Pero como todo es evolución, ni siquiera eso debería ser criticable. Lo que sí es, y hay que gritarlo hasta la saciedad, es que en el resto de cuestiones tan importantes como asegurar la supervivencia del pueblo, afirmar el trabajo en lo posible, crear expectativas de futuro, evolucionar hacia la igualdad social y la cultura, hacia la educación con todas sus mayúsculas, en todo eso no hacemos nada. Nadie se moviliza ni se preocupa.

Ahora emprendemos una campaña electoral al más patético estilo vulgar: Con “dice la gente”, “mira lo que comentan”, “pues sí, niña, que eso están diciendo las gentes”. Y las gentes siguen diciendo lo mismo: pura palabrería y puro chisme aumentado por esa insaciable morbosidad pueblerina que tanto, en Zagra, perdura aún.

Pero nadie habla de razones, ni de ideas, ni de compromisos, ni de la falta de valentía de personas que podrían verdaderamente cambiar las cosas pero no se atreven siquiera a plantearlas.

Volvamos a los comentarios grises y tristes, a meternos con los ventorreños, o con los lojeños, o con los austrohúngaros. Volvamos la cara hacia lo terriblemente superficial, hacia la triste esperanza de seguir viviendo de subvenciones y de piropos tan inciertos como pasajeros.

¿No hay nadie en el pueblo que defienda un discurso coherente y un proyecto que ilusione verdaderamente al pueblo? Sí, ya sé, crear la romería de San Junipero. Pan y romerías. El resto es complicarse la vida. Así nos va.

Kiko.