Yo me he acordado de cuando llegaban las
lluvias y los niños se hacían zancos con latas de leche condensada y los que tenían más suerte conseguían aquellos altísimos con las latas de tomate que se vendían en las
tiendas, cuando no había supermercados: los tenderos hacían en un papel de estraza las cuentas: un círculo para una peseta, una
cruz para una gorda.