¿Le preocupa que en España surja una cierta germanofobia?
-Hay que ser firmes contra cuestiones que consideramos irresponsables, pero en su justa medida para no perder nunca la razón. Hace falta un equilibrio, es el ejercicio de responsabilidad que tienen que hacer todos los estados miembros. A la ciudadanía nacional le dan rabia cuestiones que considera injustas, pero además hay que tener una mirada global. Una cuestión puntual no se puede extrapolar a todas las relaciones con Alemania.
-Hay que ser firmes contra cuestiones que consideramos irresponsables, pero en su justa medida para no perder nunca la razón. Hace falta un equilibrio, es el ejercicio de responsabilidad que tienen que hacer todos los estados miembros. A la ciudadanía nacional le dan rabia cuestiones que considera injustas, pero además hay que tener una mirada global. Una cuestión puntual no se puede extrapolar a todas las relaciones con Alemania.
La poderosa y rica Alemania, la primera potencia europea, la de la infalible tecnología aplicada a la industria, sea un simple lavavajillas o un sofisticado Mercedes, no sabe qué hacer. Una bacteria asesina, que ha matado a 29 personas y ha dejado a otras 3.000 infectadas, está acabando con la confianza de sus ciudadanos -acostumbrados a respuestas rápidas y eficaces- y con su sello de calidad en el mundo. ¿Un gigante incapaz de acabar con la minúscula y letal 'E. coli'? ¿El país del orden o del desorden? Desde que el 1 de mayo los médicos de la clínica universitaria de Hamburgo atendieron a un paciente con los primeros síntomas, la autoridades sanitarias no han dejado de dar palos de ciego. Cargaron contra nuestros pepinos y fallaron. Luego le tocó al restaurante del pobre hostelero alemán Joachim Berger. Tampoco. El pasado viernes, un grupo de científicos localizó la bacteria en un paquete de brotes de soja hallado en el cubo de la basura de una familia afectada por la enfermedad.