Puebla,
pueblo en el que no hace falta ni oro ni millones,
Porque los poblatos todo ello lo llevan dentro de sus corazones.
Su
invierno, tan frío y platino a la vez,
Lo calienta una pascua que no se puede ver sólo una vez.
Su
primavera, con esos tonos chillones y ese
paísaje que vale millones,
Por el que bajan adornadas entre
flores,
Dos reinas que quitan miedos y temores.
Su
verano, lleno de canto de golondrinas,
Y niños en el
paseo comiendo unas golosinas,
Esperando al Angel bendito al
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