Estaba en la cola de un supermercado cuando una mujer mayor dejó pasar delante de ella a un hombre que llevaba solo un par de cosas.
—Pasa tú, hijo. Yo puedo esperar.
El hombre le dio las gracias y se colocó delante.
Una señora que estaba detrás comentó, con cierto fastidio:
—Pues vaya… Algunos siempre tienen que colarse.
La mujer mayor se giró tranquilamente.
—No se ha colado. Le he dejado pasar yo.
—Bueno, pero si todos hiciéramos lo mismo…
La mujer sonrió.
—Él tiene más prisa que yo.
El hombre, que había escuchado la conversación, se giró.
—Muchas gracias. De verdad.
Pagó rápidamente y salió de la tienda.
La señora que había protestado murmuró:
—Tampoco parecía tener tanta prisa.
La mujer mayor la miró unos segundos y respondió:
—Porque no sabe adónde va.
Aquello me llamó la atención.
— ¿Y adónde va? —preguntó la señora.
La mujer bajó la voz.
—Al hospital. Su mujer acaba de entrar en quirófano y le han dicho que quizá pueda verla unos minutos antes de que la operen.
La señora se quedó completamente callada.
La mujer mayor terminó de colocar sus cosas en la cesta y dijo:
—A veces vemos a alguien corriendo y pensamos que tiene prisa.
—Y otras veces vemos a alguien tranquilo y pensamos que no tiene problemas.
—Pero nunca sabemos qué está pasando en la vida de quien tenemos delante.
Me fui del supermercado pensando en eso.
Qué fácil es juzgar cinco minutos de la vida de una persona cuando no conocemos las últimas cinco semanas.
Antes de pensar mal de alguien…
quizá deberíamos recordar que todos estamos librando batallas que los demás no pueden ver.
—Pasa tú, hijo. Yo puedo esperar.
El hombre le dio las gracias y se colocó delante.
Una señora que estaba detrás comentó, con cierto fastidio:
—Pues vaya… Algunos siempre tienen que colarse.
La mujer mayor se giró tranquilamente.
—No se ha colado. Le he dejado pasar yo.
—Bueno, pero si todos hiciéramos lo mismo…
La mujer sonrió.
—Él tiene más prisa que yo.
El hombre, que había escuchado la conversación, se giró.
—Muchas gracias. De verdad.
Pagó rápidamente y salió de la tienda.
La señora que había protestado murmuró:
—Tampoco parecía tener tanta prisa.
La mujer mayor la miró unos segundos y respondió:
—Porque no sabe adónde va.
Aquello me llamó la atención.
— ¿Y adónde va? —preguntó la señora.
La mujer bajó la voz.
—Al hospital. Su mujer acaba de entrar en quirófano y le han dicho que quizá pueda verla unos minutos antes de que la operen.
La señora se quedó completamente callada.
La mujer mayor terminó de colocar sus cosas en la cesta y dijo:
—A veces vemos a alguien corriendo y pensamos que tiene prisa.
—Y otras veces vemos a alguien tranquilo y pensamos que no tiene problemas.
—Pero nunca sabemos qué está pasando en la vida de quien tenemos delante.
Me fui del supermercado pensando en eso.
Qué fácil es juzgar cinco minutos de la vida de una persona cuando no conocemos las últimas cinco semanas.
Antes de pensar mal de alguien…
quizá deberíamos recordar que todos estamos librando batallas que los demás no pueden ver.