Caminaba por un camino de tierra en las afueras de un pueblo de Etiopía con mi padre cuando yo era niño, entre el polvo rojo y el aroma a café recién tostado que salía de las casas.
De pronto, se detuvo y me preguntó:
—Hijo, además del canto de los pájaros, ¿escuchas algo más en este camino?
—Sí —le contesté—, el ruido de una carreta.
—Muy bien —me dijo—. Es una carreta tirada por bueyes, y está vacía.
— ¿Vacía? —pregunté—. ¿Cómo lo sabes?
Mi padre, casi sin pensarlo, respondió:
—Muy fácil… cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.
Seguimos caminando en silencio un rato, y aquella frase se quedó conmigo para siempre.
Desde entonces, cada vez que veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose superior y menospreciando a la gente, me parece oír la voz de mi padre diciendo:
"Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace."
La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitir a los demás que las descubran por sí mismos.
De pronto, se detuvo y me preguntó:
—Hijo, además del canto de los pájaros, ¿escuchas algo más en este camino?
—Sí —le contesté—, el ruido de una carreta.
—Muy bien —me dijo—. Es una carreta tirada por bueyes, y está vacía.
— ¿Vacía? —pregunté—. ¿Cómo lo sabes?
Mi padre, casi sin pensarlo, respondió:
—Muy fácil… cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.
Seguimos caminando en silencio un rato, y aquella frase se quedó conmigo para siempre.
Desde entonces, cada vez que veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo, siendo inoportuna, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose superior y menospreciando a la gente, me parece oír la voz de mi padre diciendo:
"Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace."
La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitir a los demás que las descubran por sí mismos.