Cuenta la leyenda que muchos años atrás, en los cuando los moradores de la comunidad la Delicia descansaban luego de su trabajo agrícola; a eso de la media noche algo los despertó a todos. Era un espantoso ruido y todos corrieron despavoridos a la iglesia del lugar. Pedían a Dios que les proteja de todos los males. Un grupo de hombres armados con gran coraje decidió averiguar lo que en realidad estaba sucediendo. Tomaron en sus manos palos y látigos y se fueron por el camino en medio de la noche, llegaron al borde de la montaña. Sin que nadie se diera cuenta, uno de los moradores había bajado y se encontró junto a la entrada de la cueva, todos los llamaron, pero el hombre no hizo caso. Cuando empezaba a amanecer, el espantoso ruido que salía del interior de la cueva empezó a desaparecer. Desde lo alto del monte, los asustados hombres miraban en la entrada de la cueva, yacía un cuerpo, era el de don Luis Llongo. Corrieron en su auxilio y lo encontraron inconsciente, tendieron un poncho, lo llevaron cargado en brazos hacia la comunidad. Los moradores se aglomeraron a preguntar qué sucedía, pero nadie tenía una respuesta; primero tenían que reanimar a don Luis, muchos lloraban pensando que su líder estaba muerto. Poco a poco don Luis fue reaccionando y todos le preguntaban ¿qué le había sucedido? Contó que vio a miles de hombrecillos que trabajaban en el interior de la montaña al mando de un hombre muy alto y robusto que al momento de dar órdenes despedía de su boca grandes lenguas de fuego. Desde aquel día los habitantes del lugar piensan que las piedras extraídas de La Delicia y talladas al interior de la montaña, fueron utilizadas en la construcción de la iglesia de San Francisco de la ciudad de Quito.