Dijo una vez Eduardo Galeano: “Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas.”
Y en esa frase hay una forma valiente de entender la vida. Porque caer no siempre significa fracasar… muchas veces significa que lo intentaste. Que avanzaste, que saliste del lugar seguro, que te atreviste a moverte aunque existiera el riesgo de equivocarte.
Quien nunca cae, muchas veces tampoco se arriesga. Se queda quieto, protegido… pero también inmóvil.
Galeano entendía que vivir de verdad implica tropezar, perder el equilibrio, volver a levantarse. Porque el error no es señal de inutilidad, sino de movimiento.
Quizá la vida no se mide por las veces que evitamos caer… sino por las veces que seguimos caminando después.
Y en esa frase hay una forma valiente de entender la vida. Porque caer no siempre significa fracasar… muchas veces significa que lo intentaste. Que avanzaste, que saliste del lugar seguro, que te atreviste a moverte aunque existiera el riesgo de equivocarte.
Quien nunca cae, muchas veces tampoco se arriesga. Se queda quieto, protegido… pero también inmóvil.
Galeano entendía que vivir de verdad implica tropezar, perder el equilibrio, volver a levantarse. Porque el error no es señal de inutilidad, sino de movimiento.
Quizá la vida no se mide por las veces que evitamos caer… sino por las veces que seguimos caminando después.