PEDRO MARTINEZ: En Chaucha, una población cercana a Cuenca, en medio...

En Chaucha, una población cercana a Cuenca, en medio de la montaña, está la peña de Aguas Negras
Se dice, que algunos años atrás, un joven de la comunidad salió a cazar guantas; dentro de poco se iba a festejar una gran fiesta en el pueblo y la carne de este animal era apetecida para preparar la fritada. Estando en lo más alto del cerro, el cazador avistó una guanta bien dotada; en el mismo instante que atrapó al animal, como por arte de magia, se le apareció una anciana vestida con una pollera multicolor y un gran sombrero de lana. La anciana se acercó al sorprendido joven y le preguntó: ¿Qué haces por aquí en medio del Cerro? Yo -dijo el joven con voz temerosa-, estoy cazando una guanta para preparar fritada para la fiesta del pueblo. La anciana se puso molesta y roja de la ira, le contestó: Sé lo que es una guanta, pero lo que tienes enfrente es mi amado cuy, mi compañero en mi choza y me pertenece; si lo dejas libre, a cambio te doy un grano de maíz, pero de oro. ¿Quieres disfrutar de historias basadas en leyendas en tu Kindle? Encuéntralas en Amazon y llévalas contigo a todo lugar El tesoro de Atahualpa La mula de satanás El cucurucho de San Agustín Al cazador pareció magnífico negocio, tomó el oro, soltó la guanta y que para este para la anciana era un cuy. Alentado por la ambición, el joven volvió a trepar el monte en busca de otra guanta; en el mismo camino se topó con la misma anciana. La mujer, nuevamente molesta, insistió al joven que lo que creía que era una aguanta no era más que su cuy, y volvió a ofrecerle otro grano de oro a cambio de la libertad al animal. El joven cazador dijo para sí: ¡Qué mujer tan rara!, confundir una guanta con un cuy; mejor no le discuto y sigo con el negocio. De esta manera, subió varias veces al cerro y atrapó varias guantas que fue cambiando a la anciana por un grano de oro que le entregaba cada ocasión por su amado cuy. El hombre estaba feliz con la oportunidad de negocio y ni por un momento se puso a pensar en que la mujer podía ser una maga que estaba probando la honestidad del joven. Cerca de la fiesta, el joven tenía tanto oro como para comprar todos los cerdos del pueblo, pero cegado por la ambición, subió una vez más al cerro y nuevamente intentó el engañoso negocio. Entonces, la anciana maga enfurecida, hizo que de la nada apareciera un fuerte viento acompañado de truenos que llevó por el aire al cazador y le empujó a una peña llamada Aguas Negras. Encarceló al hombre en la peña de Aguas Negras y dejó su perfil como advertencia a los jóvenes ambiciosos que no se detienen para conseguir sus objetivos.