PEDRO MARTINEZ: Cuentan que dos amigos, Julián y Pedro, caminaban por...

Cuentan que dos amigos, Julián y Pedro, caminaban por un sendero de montaña. Julián, con la mirada clavada en su reloj y un mapa arrugado en la mano, caminaba a paso redoblado, casi sin aliento.
—Si apuramos el paso —decía Julián—, llegaremos a la cima antes del mediodía. Allí podremos al fin sentarnos, abrir las mochilas y disfrutar de la vista. ¡Ese será el momento de ser felices!
Pedro, que caminaba unos pasos por detrás, se detuvo en seco para observar una mariposa que se posaba sobre una piedra tibia.
— ¿Y por qué no ahora? —preguntó Pedro con una sonrisa.
— ¡Porque todavía no llegamos! —respondió Julián, algo irritado—. El plan es claro: esfuerzo, meta, recompensa. Cuando estemos allá arriba, con el objetivo cumplido, sentiremos la paz que buscamos.
Pedro se sentó en la raíz de un árbol viejo y estiró las piernas.
—Sabes, Julián... me da miedo que cuando lleguemos a la cima, estés tan cansado pensando en el descenso, que te olvides de mirar el paisaje.
—No seas tonto —insistió Julián—. Allá arriba el aire es más puro, la vista es más amplia. Vale la pena el sacrificio de no detenerse.
—El aire ya es puro aquí —dijo Pedro, llenando sus pulmones con calma—. Y la vista de este árbol es única. Si para disfrutar del aire de la cima tengo que asfixiarme durante todo el camino, no sé si merece la pena.
Julián se quedó callado. Miró su mapa, luego a su amigo, y después el sendero que aún quedaba por delante.
Despacio dobló el papel, lo guardó en el bolsillo y se sentó a su lado.
Durante un rato ninguno habló.
Sólo se oía el viento moviendo las hojas y el zumbido perezoso de un insecto que pasaba.
Julián cerró los ojos y dejó que el sol le calentara la cara.
— ¿Sabes una cosa? —dijo al cabo de un rato—. Creo que hacía mucho que no me detenía.
Pedro sonrió.
—A veces —respondió— uno busca un tesoro tan lejos… que se olvida de mirar el lugar donde ya está sentado.
Julián miró alrededor: el árbol, la montaña, el cielo abierto.
Y por primera vez desde que empezó la caminata, dejó de pensar en la cima.