PEDRO MARTINEZ: La Cartera de las Cumbres Nevadas...

La Cartera de las Cumbres Nevadas

Svetlana, una joven ingeniera de telecomunicaciones de origen búlgaro, había llegado a Durango para ayudar en la instalación de las primeras líneas de radiofrecuencia. Pero en el campamento minero de "La Soledad", el mayor problema no eran los cables, sino la moral de los trabajadores: las cartas de sus familias tardaban meses en llegar porque ningún vehículo subía por las veredas congeladas.
Fue entonces cuando conoció a "Valentina", una mula de pelaje oscuro y patas firmes que pertenecía al servicio postal rural. Valentina no era una mula cualquiera; tenía un sentido de la orientación que desafiaba a las ventiscas más blancas.
—"I've seen snow in the Balkans, Valentina, but this is a different kind of monster" (He visto nieve en los Balcanes, Valentina, pero este es un tipo de monstruo diferente) —decía Svetlana mientras ayudaba al cartero local a ajustar las sacas de cuero en los costados de la mula.
Un diciembre especialmente violento, una avalancha bloqueó el paso principal, dejando a una cuadrilla de técnicos atrapada en una estación repetidora a 3,000 metros de altura, sin medicinas ni noticias. El cartero estaba enfermo, y Svetlana, que sabía esquiar y conocía la ruta, decidió que no podían esperar.
Svetlana y Valentina partieron en medio de una calma engañosa. A mitad del camino, la visibilidad se redujo a cero. El frío era tan intenso que las pestañas de Svetlana se congelaban. Desorientada y al borde de la hipotermia, la ingeniera soltó las riendas, incapaz de sentir sus manos.
—"It's up to you, girl..." (Depende de ti, chica...) —susurró antes de dejarse caer sobre el cuello del animal.
Valentina no se detuvo. Usando sus cascos para romper la costra de hielo y su olfato para encontrar el rastro de sal de la estación, la mula caminó durante seis horas en la oscuridad total de la tormenta. No solo llevaba las cartas y las medicinas; llevaba el peso de una mujer que ya no podía guiarla.
Cuando los técnicos abrieron la puerta de la estación, encontraron a la mula parada frente al umbral, cubierta de escarcha, con Svetlana inconsciente pero viva sobre su lomo. Valentina solo relinchó una vez, como diciendo que el correo había llegado a tiempo.
Ese invierno, Valentina fue condecorada simbólicamente por el gremio de mineros. Svetlana, tras recuperarse, se aseguró de que la mula nunca volviera a cargar nada más pesado que una bolsa de zanahorias. Decía que, en las montañas de México, la tecnología de punta de Bulgaria no era nada comparada con el corazón de una mula duranguense.
Un diciembre especialmente violento, una avalancha bloqueó el paso principal, dejando a una cuadrilla de técnicos atrapada en una estación repetidora a 3,000 metros de altura, sin medicinas ni noticias. El cartero estaba enfermo, y Svetlana, que sabía esquiar y conocía la ruta, decidió que no podían esperar.
Svetlana y Valentina partieron en medio de una calma engañosa. A mitad del camino, la visibilidad se redujo a cero. El frío era tan intenso que las pestañas de Svetlana se congelaban. Desorientada y al borde de la hipotermia, la ingeniera soltó las riendas, incapaz de sentir sus manos.
Valentina no se detuvo. Usando sus cascos para romper la costra de hielo y su olfato para encontrar el rastro de sal de la estación, la mula caminó durante seis horas en la oscuridad total de la tormenta. No solo llevaba las cartas y las medicinas; llevaba el peso de una mujer que ya no podía guiarla.
Cuando los técnicos abrieron la puerta de la estación, encontraron a la mula parada frente al umbral, cubierta de escarcha, con Svetlana inconsciente pero viva sobre su lomo. Valentina solo relinchó una vez, como diciendo que el correo había llegado a tiempo.
Ese invierno, Valentina fue condecorada simbólicamente por el gremio de mineros. Svetlana, tras recuperarse, se aseguró de que la mula nunca volviera a cargar nada más pesado que una bolsa de zanahorias. Decía que, en las montañas de México, la tecnología de punta de Bulgaria no era nada comparada con el corazón de una mula duranguense.