PEDRO MARTINEZ: El buscador de paisajes...

El buscador de paisajes

— ¿Sabes? Mi abuelo era el hombre más rico del barrio —me dijo él, mientras señalaba un viejo marco de fotos vacío colgado en la pared de su sala.
Yo miré el marco, luego lo miré a él, y no pude evitar una sonrisa escéptica. — ¿Rico? Pero si este marco no tiene nada, Julián. Está vacío.
—No, no está vacío —me corrigió con una calma envidiable—. Está lleno de lo que ya no está.
—No te entiendo —le confesé.
Julián se sentó frente a mí y suspiró: —Mi abuelo se pasaba la vida ahorrando para un viaje "majestuoso". Decía que el paisaje de aquí era gris y que solo sería feliz cuando pudiera ver el mar del otro lado del mundo. Guardaba cada moneda, cada minuto, cada risa, como si fueran piezas de un tesoro que solo se podía gastar "allá".
— ¿Y llegó a viajar? —pregunté.
—Nunca. El tiempo, que es el único ladrón que no deja huellas, se llevó su salud antes que su dinero. Cuando murió, encontré este marco en su cuarto. Él lo miraba todas las mañanas imaginando ese mar lejano, mientras las persianas de su ventana estaban cerradas.
Julián se levantó, caminó hacia la ventana y la abrió de par en par. El sol de la tarde inundó la habitación y el canto de los pájaros se volvió casi ensordecedor.
—Mi abuelo tenía el tesoro en el bolsillo, pero murió pobre porque nunca se atrevió a gastarlo en el "ahora". Por eso colgué el marco así.
— ¿Para recordar su tristeza? —pregunté con un nudo en la garganta.
—No. Para recordarme que la vida no es lo que guardamos para después, sino lo que decidimos mirar hoy. Ese marco no está vacío, amigo mío; ahora mismo está encuadrando tu visita, nuestra charla y el sol que entra por la ventana. Y eso, te aseguro, me hace millonario.