PEDRO MARTINEZ: Durante casi un año, pasé a recoger a un compañero...

Durante casi un año, pasé a recoger a un compañero de trabajo todas las mañanas en mi coche. "Me queda de paso", pensé. No me quitaba nada. Lo esperaba los 10 minutos que siempre se tardaba en salir, me desviaba un poco si había tráfico y nunca le pedí un peso para la gasolina. Lo hacía por compañerismo.
El martes pasado tuve un imprevisto médico en la mañana. Le avisé la noche anterior por mensaje: "Hermano, mañana no voy a poder pasar por ti, tengo que ir al hospital temprano a ver un tema familiar".
Su respuesta no fue un " ¿Todo bien en tu casa?". Su respuesta fue un: "Uy, me hubieras avisado antes. A ver cómo le hago para llegar, los Ubers a esta hora están carísimos".
A las dos horas, subió un estado a WhatsApp: "En los momentos difíciles te das cuenta de quiénes son los verdaderos amigos y quiénes solo fingen".
Me quedé helado viendo la pantalla.
Más de 200 viajes gratis. Más de 200 mañanas facilitándole la vida. Todo eso se borró de su memoria por un solo día en que yo no pude resolverle el problema.
Ahí entendí que yo no era su amigo; yo era su comodidad.
Cuando ayudas demasiado a una persona sin poner límites, dejan de verlo como un favor y empiezan a exigirlo como una obligación. La gente se vuelve adicta a lo que le resuelves, y el día que decides pensar en ti, te tachan de egoísta.
Estoy seguro que casi todo pasamos por algún evento parecido, y allí es donde nos damos cuenta que muchas " amistades" no dependen den cariño, sino de lo que puedas darle.