PEDRO MARTINEZ: Salvó a un niño desconocido con 15 dólares. Décadas...

Salvó a un niño desconocido con 15 dólares. Décadas después, descubrió por qué él la había estado buscando.
En la década de 1970, un niño keniano llamado Chris Mburu estaba al borde de perderlo todo. Era uno de los mejores estudiantes de su zona, estudiando con la luz de una lámpara en una casa de barro sin electricidad. Pero su familia no podía pagar las cuotas escolares. Sin ayuda, su educación terminaría… y con ella, la posibilidad de aspirar a otra vida.
Al otro lado del mundo, en Suecia, una maestra llamada Hilde Back vio un aviso de un programa de patrocinio escolar. Eligió un nombre de una lista: Chris Mburu, Kenia. Envió un cheque de 15 dólares para ayudarle a cubrir un trimestre escolar. Sin ruido. Sin aplausos. Solo una decisión silenciosa de ayudar a un niño al que nunca había visto.
Ese pequeño cheque lo cambió todo.
Chris pudo seguir en la escuela. Y, con el tiempo, entendió que detrás de esa ayuda no había solo un sistema, sino una persona real que creía en él. Y nunca lo olvidó.
Se graduó en la Universidad de Nairobi en 1990. Más tarde, se graduó en la Facultad de Derecho de Harvard en 1993. Con los años, trabajó en derechos humanos en las Naciones Unidas, implicado en la lucha contra el genocidio y los crímenes contra la humanidad.
Pero algo lo perseguía. Nunca había podido dar las gracias como quería a la mujer que lo hizo posible. Ni siquiera sabía realmente quién era.
En 2001, Chris puso en marcha un fondo de becas para niños como él: estudiantes con talento cuyas oportunidades se pierden por falta de recursos. Quería encontrar a su benefactora para poder honrarla como se merecía.
Y la encontraron. Hilde Back. En Suecia.
Chris viajó para conocerla por primera vez. Imaginaba a una gran filántropa. En cambio, encontró a una mujer cálida y modesta, sorprendida de que alguien considerara extraordinario lo que para ella había sido un gesto sencillo.
Entonces, una cineasta llamada Jennifer Arnold empezó a documentar su historia y su reencuentro en el documental “A Small Act”.
Y allí apareció una parte de la vida de Hilde que Chris no conocía.
Hilde no era sueca de origen. Era una judía alemana que, siendo niña, fue enviada a Suecia y perdió a su familia en el Holocausto.
Hilde logró ponerse a salvo lejos de la persecución, mientras su historia quedaba marcada por una pérdida imposible de medir.
Y, muchos años después, pagó en silencio la educación de un niño al otro lado del mundo… un niño que acabaría dedicando su vida a enfrentarse al odio y la violencia.
Cuando Chris lo supo, se quebró. Hilde, por su parte, jamás imaginó que aquel niño al que ayudó terminaría trabajando para combatir los peores crímenes contra seres humanos.
Con el tiempo, su reencuentro se convirtió en algo más grande: un fondo educativo que lleva el nombre de Hilde y que busca abrir caminos donde antes no los había.
Hilde vivió muchos años en Suecia con una vida sencilla y discreta, sin buscar protagonismo.
Hoy, el Fondo Educativo Hilde Back ha permitido que muchos niños en Kenia continúen sus estudios y mantengan viva esa cadena de oportunidades.
Y muchos de ellos ya están devolviendo lo recibido, apoyando a otros que vienen detrás.
Una mujer. 15 dólares. Un niño.
Ese niño levantó un fondo. Ese fondo abrió puertas para muchos más. Y esas vidas ya están ayudando a otras.
Chris dijo una vez: «No puedes cambiar el mundo entero. A veces basta con ayudar a un solo niño».
Hilde ayudó a un niño. Y ese gesto sigue extendiéndose, como una onda que no se detiene.