PEDRO MARTINEZ: En 1947, el Desierto de Sonora era una bestia sedienta...

En 1947, el Desierto de Sonora era una bestia sedienta que se tragaba las esperanzas de quienes intentaban cruzar. Los 'coyotes' guiaban a los migrantes por rutas secretas, pero la ruta más peligrosa, el 'Paso del Diablo', tenía un guardián inesperado: un perro llamado 'Fantasma' que, a pesar de sus dueños, se negaba a dejar que el desierto ganara.
Fantasma era un perro pastor alemán, grande y de pelaje casi blanco, que pertenecía a una de las familias de "coyotes" más temidas de la región. Su trabajo era mantener a los migrantes en fila y, si alguien se rezagaba, Fantasma, a latigazos de ladridos, lo obligaba a seguir. Pero el perro tenía algo diferente en su mirada.
Una tarde, un grupo de migrantes, incluyendo a una mujer joven con un bebé enfermo, se enfrentaba a un calor infernal. El agua se había agotado. El "coyote" al mando, un hombre brutal conocido como "El Cascabel", ordenó dejar a la mujer y al bebé atrás.
—" ¡No podemos cargar con peso muerto! ¡Que se queden! ¡Aquí no hay lugar para débiles!" —escupió El Cascabel, y sus hombres apuntaron sus armas a quien protestara.
Fantasma, que hasta entonces había sido un instrumento del miedo, se interpuso. El perro no gruñó a su amo, sino que se sentó delante de la mujer y el bebé, bloqueando el camino del grupo. Luego, empezó a ladrar con desesperación, no con enojo, sino con una súplica que partía el aire.
—" ¡Muévete, bestia!" —gritó El Cascabel, intentando golpearlo con la culata de su rifle.
Pero Fantasma no se movió. Se interpuso, agachándose pero sin apartarse de la mujer y el niño. Era una imagen insólita: el perro del "coyote" protegiendo a los "indeseables".
Finalmente, el resto del grupo de migrantes, conmovido por el acto del perro, se negó a avanzar sin ellos. El Cascabel, furioso, pero temiendo una rebelión, cedió, aunque advirtió que no habría más agua.
Fantasma entonces hizo algo aún más increíble. Guiado por un instinto que solo los animales del desierto poseen, corrió hacia una cactácea gigante, un saguaro milenario. Empezó a rascar con furia en su base, donde a veces se acumula un poco de agua. Milagrosamente, encontraron un pequeño charco turbio, pero suficiente para mojar la boca del bebé y la mujer.
El bebé sobrevivió, y la historia de Fantasma se extendió por el desierto. Se dice que, a partir de ese día, Fantasma no volvió a obedecer órdenes crueles. Si veía a alguien en apuros, se adelantaba para buscar agua o guiaba al grupo hacia un punto seguro. Los "coyotes" lo odiaban por su "rebeldía", pero le tenían miedo, pues decían que el desierto "hablaba" a través de él.