A mí me gusta madrugar
y levantarme temprano
abrir a mí ventana,
para que entre el Solano.
Mirar tu Cielo tan azul
y ver el Cerro Mencal
también a la Chimeneilla,
esa centinela sin igual.
Me iré a pasear por el campo
a ver tus espigas doradas
esas que ya están segando,
seguiré por el camino
a oler y respirar,
a ese aire perfumado.
Que poco me falta ya
para llegar a las Erillas
y beber su agua fresca,
que la sed a mí me quita.
De nuevo sigo mi camino
hasta llegar a la cima,
que vistas más hermosas
que vistas más bonitas.
Estoy mirando a mí pueblo
cuánta emoción la que siento
que yo no puedo evitar,
que las lágrimas
enturbie mis ojos,
sin poderlo remediar.
Cuántos recuerdos me traen
aquellos años tan bonitos
que de niño yo jugaba,
con todos mis amigos.
Ya ninguno queda aquí
todos se marcharon
y yo también me fui,
por circunstancias de la vida
nos tuvimos que marchar,
pero jamás tierra mía
nunca te podré olvidar.
Manuel Lindez Rodríguez.
y levantarme temprano
abrir a mí ventana,
para que entre el Solano.
Mirar tu Cielo tan azul
y ver el Cerro Mencal
también a la Chimeneilla,
esa centinela sin igual.
Me iré a pasear por el campo
a ver tus espigas doradas
esas que ya están segando,
seguiré por el camino
a oler y respirar,
a ese aire perfumado.
Que poco me falta ya
para llegar a las Erillas
y beber su agua fresca,
que la sed a mí me quita.
De nuevo sigo mi camino
hasta llegar a la cima,
que vistas más hermosas
que vistas más bonitas.
Estoy mirando a mí pueblo
cuánta emoción la que siento
que yo no puedo evitar,
que las lágrimas
enturbie mis ojos,
sin poderlo remediar.
Cuántos recuerdos me traen
aquellos años tan bonitos
que de niño yo jugaba,
con todos mis amigos.
Ya ninguno queda aquí
todos se marcharon
y yo también me fui,
por circunstancias de la vida
nos tuvimos que marchar,
pero jamás tierra mía
nunca te podré olvidar.
Manuel Lindez Rodríguez.