calle Reyes Católicos, PEDRO MARTINEZ

(1 de Agosto de 2010)
La abuela de Yarek tenía una sartén negra, vieja, con el mango torcido y el fondo abollado. Nadie sabía cuántos años tenía, pero todos sabían lo mismo: esa sartén no se tocaba. Ni para lavarla.
—No se lava con jabón —decía la abuela, como si hablara de una reliquia sagrada—. Solo con agua caliente… y respeto.
Yarek se reía, claro. Era solo una sartén.
Hasta que un día, después de que la abuela muriera, intentó hacer sus tortitas de manzana con una sartén nueva.
Salieron… mal.
Se pegaban. Sabían...
De qué sirve una casa sino se cuenta con un planeta tolerable donde situarla.
A veces conviene cerrar un ojo, pero no es prudente cerrar ambos a la vez.
Buenas noches QUE DESCANSES, HASTA MAÑANA UN ABRAZO.
La vejez comienza cuando el recuerdo es más fuerte que la esperanza.