Para ser viejo y sabio, primero hay que ser joven y estúpido. En el centro del parque más antiguo de la ciudad había una banca de madera gastada, situada bajo un roble gigantesco. Nadie sabía quién la había colocado allí ni cuántos años tenía, pero todos coincidían en que ese lugar tenía algo especial.
Cada mañana, Don Ernesto, un hombre de 80 años, se sentaba en esa banca con una libreta en las manos. Escribía, tachaba, volvía a escribir. A veces sonreía, a veces lloraba.
Un joven llamado Andrés, que solía pasar por allí camino al trabajo, comenzó a notar... El valor de la vida está en entender que tu familia no tiene precio, que tu salud es la verdadera riqueza y que tu tiempo vale oro. Todos necesitamos alguien que nos sostenga en determinados momentos! Nos deleitamos con la belleza de la mariposa, pero rara vez admitimos los cambios que ha sufrido para lograr esa belleza.