« Cuentan que, cierta vez, Buda llegó a un pueblo cercano a un monasterio y que mucha gente le preguntó por qué no le gustaban los monjes ni las religiones. Dicen que Buda contestó que no entendía el trabajo de aquéllos ni el sentido de éstas.
Un día unos monjes fueron a visitarlo; llevaban una cesta llena de fruta, una guirnalda de flores y los respetos del gran sacerdote del monasterio.
- Escuchamos tus palabras -dijeron- y venimos a aclararte que nosotros... Todos necesitamos apoyo, una palabra de aliento, un beso, un abrazo, eso no nos hace débiles, tan sólo nos recuerda que somos humanos. Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo. Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo. Si nuestros amigos nos hacen favores, pensamos que nos los deben a título de amigos, pero no pensamos que no nos deben su amistad.