En la medina de Fez, el problema no era perderse. Era no chocar.
Los callejones eran tan estrechos que dos personas apenas podían cruzarse. Burros cargados, vendedores, niños corriendo. Y siempre ocurría lo mismo: en las curvas cerradas, alguien chocaba con alguien. No fuerte.
Pero lo suficiente para derramar agua, romper mercancía o terminar en una discusión.
Quien más lo veía no era un comerciante rico.
Era Youssef El Idrissi, un hombre de 60 años que afinaba cuchillos... No llegué al mundo simplemente para perder. Hay gente que no es lo que parece. Es mejor. Buenas noches Antonia. que descanses bien. un abrazo. No creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terminan por salir a la luz.