Cuentan en África occidental que Anansi, el sabio tejedor,
ayudó a su aldea durante una gran sequía.
Cada día traía agua.
Cada día conseguía alimento.
Cada día resolvía problemas que no eran suyos.
Al principio, el pueblo lo honraba.
Luego, lo esperaba.
Después, lo exigía.
Cuando Anansi enfermó y no pudo salir de su choza, nadie preguntó por su salud.
Solo preguntaron:... En vez de encontrar a alguien que tenga mis gustos, prefiero encontrar a alguien que me enseñe cosas que no sabía que me gustaban. Buenas noches Sensi. hasta mañana un abrazo. Buenas noches Antonia, felices sueños.. un abrazo. No hacemos más en la vida que ir buscando el lugar donde quedarnos para siempre.