Tengo una zapatería pequeña en el centro.
Ayer estaba haciendo limpieza de bodega. Saqué varias cajas de zapatos viejos, devoluciones, pares impares o rotos que ya no se podían vender.
Los eché en una bolsa negra y la saqué a la banqueta para que se la llevara el camión.
Estaba cerrando la cortina cuando sentí un jaloncito en mi pantalón.
Bajé la mirada. Era un niño. Carlitos.
Lo conozco porque siempre anda por ahí vendiendo chicles. Tiene unos 7 años. Su ropa le queda grande y siempre anda... Un poco largo pero bonito
— Disculpe… ¿a dónde me lleva? — preguntó la mujer en voz baja, mirando con desconcierto por la ventana del coche.
— Señora Marcela, hemos llegado. Este es el hogar de ancianos “Santa Ana”. A partir de hoy, usted vivirá aquí.
— ¿Cómo que… viviré aquí? — su voz tembló. — ¿Y mi hija? ¿No viene?
— Dijo que la llamará, — respondió el conductor mientras dejaba una pequeña maleta en la acera: un suéter, un cepillo, una vieja fotografía.
— Le deseo mucha salud, señora Marcela.... El presente es un hermoso regalo...! ¡Vivámoslo con gratitud, con amor y con alegría! ¡ Caminando por la vida, comprendí, que lo importante no es saber lo que un tiene, es saber todo lo que uno vale. El que pasa el tiempo arrepintiéndose del pasado, pierde el presente y arriesga el futuro.